lunes, enero 13, 2014

13 de Enero de 2014

ABC


JESÚS GARCÍA CALERO @CALEROJE / MADRID
Día 12/01/2014 - 16.21h

Una draga destapó los restos de un impresionante buque de 32 metros de eslora. España jamás ha excavado un galeón: ¿dejará pasar otra oportunidad?

Fue un barco importante y está al alcance de la mano: tiene 32 metros de eslora (longitud entre proa y popa), lo cual le iguala en tamaño con el «Mary Rose», el buque insignia de Enrique VIII de Inglaterra hundido en 1545, único gran buque del XVI excavado hasta la fecha. Los 20.000 objetos extraídos de la nave inglesa dieron un vuelco al conocimiento de la época. Los del galeón de Ribadeo mostrarían con detalle cómo los españoles de finales del siglo XVI construyeron las naves en las que se aventuraban en el océano. España aún no ha excavado ni un solo galeón.

El de Ribadeo fue descubierto en 2011, durante una draga en el acceso al puerto comercial. El pecio ha permanecido hasta ahora en medio de la ría, bajo la arena, a poco más de 4 metros de profundidad. La empresa que lo detectó, Archeonautas, realizaba los controles arqueológicos de la draga y presentó un informe a la Xunta, de quien depende el puerto. El pecio quedó asegurado con una red, pero sigue sin estudiarse, expuesto al riesgo del tráfico marítimo que puede dañar el yacimiento.

¿Qué barco era y quién viajaba en él? La inspección realizada no dio para tanto. El responsable de Archeonautas, Miguel San Claudio, subraya a ABC la importancia del hallazgo. «Primero detectamos el gran túmulo de lastre central, formado por piedras calizas y bolaños de artillería de gran calibre. Pero enseguida se aprecia que el casco debe estar intacto bajo el sedimento. Buceando pudimos ascender más de dos metros en el costado de babor y era impresionante». Su hipótesis es que bajo la arena se conserva todo lo que el galeón tenía bajo la línea de flotación. De hecho, han visto la roda y suponen que el timón estará en su posición original. Muchas claves de la ingeniería naval de la época reposan entre esas maderas.

Una máquina muy compleja
Pero hay más. El casco, de doble forro, se reservaba para barcos importantes. El forro de plomo daba una gran ventaja para la navegación (en España se usó desde 1514) porque prácticamente impedía la fijación de organismos y protegía contra los moluscos xilófagos que podían ser problemas muy serios en largas travesías. Otro dato singular es que se detectó una cubierta impermeabilizada, gracias a que la madera estaba embreada y las juntas calafateadas: «Creemos que son restos de la cubierta principal, que era la primera estanca y podía estar bajo la línea de flotación para asegurar la flotabilidad de la nave incluso con una vía de agua abierta». Así de duros eran los galeones, la máquina más compleja de su época, como hoy un transbordador espacial.

Sin haberlo excavado (cosa que llevaría muy pocos meses y, a esta profundidad, no necesitaría un gran presupuesto) los arqueólogos ya han podido comprender la importancia de este galeón. Cuadernas y baos (las vigas de la nave) están a la vista. Y también un mamparo (las paredes de madera) que es el primero que se documenta de esta época. Estaba junto a la amura de babor y muestra a un lado los restos de un almacén de munición (bolaños de piedra sobre todo) y al otro restos de barriles de carga (alimentos, pólvora, mercancías...). Hay cerámicas de la época asociadas. Lo único que no esperan encontrar es artillería, «porque era muy valiosa y a tan poca profundidad debieron rescatarla».

No hay una política activa
La pregunta es obligada: ¿Por qué no se excava en España lo que nuestro patrimonio merece? Los arqueólogos denuncian la ausencia de una política activa para el patrimonio subacuático de una de las naciones que más aportó a la historia naval. «El patrimonio nos queda evidentemente grande –se lamenta San Claudio–, España no es capaz de gestionar de manera creíble su patrimonio subacuático. Hablo por lo que conozco. Galicia es un sumidero de historia, con restos de otras muchas sociedades y civilizaciones que han navegado por estas aguas. Investigarlo y conocerlo es un deber de respeto para esas sociedades».

A la falta de medios destinados al patrimonio subacuático se une el laberinto autonómico que no debería obstruir la posibilidad de una política nacional sobre este asunto. Pero lo hace. San Claudio afirma que la arqueología en España «está realizada por empresas privadas como la nuestra, que no pueden dedicarse a la investigación. Los centros oficiales no tienen experiencia de campo (como mucho 20 o 30 días al año de trabajo en el agua) y los privados tenemos experiencia pero no capacidad investigadora». A ello se une una realidad muy triste: «Casi la totalidad del presupuesto de arqueología subacuática en España se destina a musealizar materiales expoliados, como ocurrió con los restos del “San Diego” y ahora con la carga de la “Mercedes” mientras en el mar sabemos de barcos que desaparecen día a día y ola tras ola». Esta es la batalla pendiente para el galeón de Ribadeo y cientos de barcos de igual o mayor importancia en nuestras aguas.

La conservación in situ que propone la Unesco está bien si los materiales se estudian y protegen: «Lo que no tiene sentido es abandonar yacimientos en una interpretación torticera. La conservación in situ está siendo para los políticos la excusa perfecta para olvidarnos de este problema». ¿Hasta cuándo?

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