martes, noviembre 20, 2012

20 de Noviembre de 2012

ATENEADIGITAL

La Armada celebra un acto de Jura de Bandera para personal civil en Cartagena

Redacción lunes, 19 de noviembre de 2012

El domingo se celebró una solemne Jura de Bandera para personal civil no vinculado de una manera permanente a las Fuerzas Armadas, en las instalaciones de la pista municipal de atletismo de la localidad de Cartagena.

Al acto, presidido por el Almirante Jefe del Arsenal de Cartagena, vicealmirante Fernando Zumalacárregui Luxán, acudieron diversas autoridades civiles y militares.

Un total de 184 jurandos de Cartagena y sus alrededores pronunciaron en este acto su juramento a la Bandera, ante 250 hombres y mujeres de la Armada, pertenecientes a unidades de la Fuerza de Acción Marítima, del Tercio de Levante y de la Escuela de Infantería de Marina 'General Albacete y Fuster'.

La Jura de Bandera para personal civil permite a todos los españoles que, sin vincularse a las Fuerzas Armadas con un carácter profesional, puedan manifestar su compromiso con la defensa de España, prestando juramento o promesa ante la bandera. También pone de manifiesto el afianzamiento de los lazos de unión entre los ciudadanos y la Armada Española.

En los exteriores de la pista de atletismo municipal se ha presentado una exposición estática con diverso material de Infantería de Marina.
 Juan Chicharro
España, sus fuerzas armadas, participa en estos momentos en escenarios tan dispares como Afganistán y Líbano que son operaciones terrestres, y en aguas del Índico y del Mediterráneo Oriental con buques de la Armada en operaciones eminentemente navales.

Estas líneas pretenden incidir hoy, siquiera de soslayo, en las causas que originan la presencia española con medios navales en las aguas de Somalia. En definitiva, en lo que conocemos como la lucha contra la piratería.

Es mucho y variado lo que se puede leer al respecto; las más de las veces en medios especializados como las revistas específicas que editan los diferentes ejércitos o el Centro Superior de la Defensa. También hay otros centros de pensamiento que analizan y escriben sobre estos asuntos pero la confianza y claridad que se desprende de lo leído en revistas como “Ejército” o la centenaria “Revista General de Marina” son para mí mucho más acertados, toda vez que aquellos que en ellas escriben son protagonistas reales de lo que acaece de verdad.

Hoy es este el caso pues después de analizar numerosos trabajos sobre la piratería en Somalia topo con un reciente artículo de un Capitán de Fragata en la Revista General de Marina que es uno de los trabajos más sencillos y claros que he leído de las causas de la piratería en esa parte del continente de África.

Fui responsable en determinado momento de la preparación táctica y técnica de los infantes de marina que embarcaban, y hoy siguen haciéndolo, en nuestros buques allí destacados así como de conseguirles los medios adecuados a la misión que se les encomendaba. No lo fui en ningún caso del análisis de las causas que originaban la participación militar pero no cabe duda que dado el nivel orgánico en el que me encontraba no se me escapaba que la solución al problema no estaba en la mera intervención en la mar sino en tierra.

Somalia con una renta per cápita que ronda los 500 dólares es uno de los países más pobres del mundo y salvo una serie de personas dedicadas a lo ilegal depende casi completamente de la ayuda humanitaria para sobrevivir. Considerado como un Estado fallido está regido por una estructura de clanes, subclanes y familias. Desde hace unos veinte años Somalia vive en una permanente y sangrienta rebelión que unida a las hambrunas y a la total inseguridad reinante han obligado a gran parte de su población a emigrar y al resto, como ya he dicho, a vivir de los programas internacionales de subsistencia alimentaria.

Pese a todo, allá por los años finales del siglo pasado un grupo de pescadores se unió para tratar de impedir la pesca ilegal en sus costas y en sus intentos de expulsar a los intrusos pronto aprendieron que secuestrando a modo de compensación a quienes infringían sus normas obtenían mayores beneficios que de la propia pesca en sí.

Determinadas compañías sin escrúpulos encontraron en esta actividad un lucrativo negocio y en el más puro estilo del crimen organizado comenzaron el secuestro reiterativo de buques que transitando por la zona no tenían al final más opción que abonar los rescates solicitados.

La evolución de estas acciones, ya de pura piratería, devino en la creación de la conocida Bolsa de Harardhere; sencillamente una típica bolsa de inversión. Es decir, se invierte dinero en ella y la organización con estos fondos organiza grupos de piratas, adquiere medios como embarcaciones potentes y armas y se dedica a la captura de buques en tránsito por la zona. Obtenido el pago del rescate se reparten los dividendos en función de la cantidad invertida. Disponen evidentemente de información puntual y detallada que transmiten siempre a los grupos de piratas subordinados que actúan en consecuencia. Es tal el salto cuantitativo y cualitativo de este lucrativo negocio que ya en el año 2008 la “Bolsa” controlaba más de 70 grupos de piratas. Su éxito es tal que poco a poco extienden su radio de acción hasta incluso mil millas de las costas de Somalia. Decenas de buques mercantes secuestrados se acumulan en los fondeaderos somalíes y el dinero entra a raudales a través de rescates millonarios.

Es el momento en el que la comunidad internacional se ve obligada a intervenir urgentemente. Y lo hace mediante el desencadenamiento de una operación naval “la operación Atalanta” que lidera la Unión Europea y en la que participa activamente España desde sus comienzos.

El objetivo de la operación era y es, ante todo, dar protección al tráfico mercante y pesquero y disuadir a los piratas de continuar con sus actos.

Sin haber acabado con el fenómeno “pirata” no se puede negar que se ha alcanzado un relativo éxito, toda vez que mientras durante los tres primeros años apenas se consiguió mantener las cosas como estaban, la realidad es que a partir del año 2011 se ha constatado una disminución de los ataques pero sobre todo el fracaso de la mayoría de los mismos; y ello debido a varios factores entre los que destaca la protección que a bordo llevan los buques mercantes. El resultado es que hasta la fecha ningún barco con equipo de seguridad – militar o privado – ha sido secuestrado.

Se podría pensar, entonces, que nos encontramos cerca del final de la piratería pero intuyo que esto no es así; y ello debido a que persiste el verdadero origen de la misma que no es otro que el estado de miseria en el que vive el pueblo somalí. Los jóvenes pescadores de la zona que en la pesca legal – con riesgos serios – apenas obtienen beneficios ven en la piratería una forma rápida de alcanzar dinero fácil y mejorar su nivel de vida. Se calcula que por cada pirata detenido hay diez que quieren ocupar su sitio. Hoy, la máxima aspiración de un joven de la costa somalí es ser pirata. La única alternativa a esto es conseguir que el país alcance una estabilidad política y social sólo alcanzable mediante inversiones millonarias en el mismo y el control de las mismas.

La Unión Europea lo entendió así desde el principio y la operación militar no es, o no debe ser, más que una parte de la solución del problema pues éste tiene que ser abordado de una forma integral.

Sucede que esto requiere mucho dinero y los posibles países interesados en solucionar el asunto se encuentran ahora inmersos en una fuerte crisis económica lo que impide las aportaciones necesarias.

Mientras tanto los responsables de la piratería se encuentran en un “impasse” en el que buscan adaptarse a la nueva situación mediante la adquisición de medios modernos tales como mejor armamento, visores nocturnos y medios de seguimiento.

Mucho se ha hecho pero aún queda mucho por hacer. Me temo.

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